Dejamos atrás tantas cosas, precisamos desprendernos para continuar avanzando. Que queden atrás no significa que dejen de existir...Algunas veces vuelven, sólo para recordarnos: el extravío que vivimos, la tristeza que nos colmaba, la desesperanza de las perdidas, el dolor intenso de las traicionadas, pero a la vez la risa que abarcaba todo, la vitalidad de los sueños compartidos, las noches repletas de tequieronotedejarénuncaporqueteamo, y soytuyaydenadiemás…todo eso que en un recurso exorcisante queda vertido en un montón de papeles grises o amarillos, o en las inmensidad de la red virtual , según sea elección de la conservadora o conservador de recuerdos y es que ese montón de palabras dichas y escuchadas; tuvieron calidad de ciertas, prestancia de verdades y toda la cosa bonita que se siente cuando se ama. Y ahora una que se piensa, se mira y se ve tan lejos de esas palabras y las recuerda pero ya no las siente y sin embargo las preserva, porque sabe que cuando las palabras pierden el sentido, se van dejando ir al aire, a las eternidades incomprensibles de los afectos perdidos, al lugar límbico limbo de las cosas muertas, donde no siempre se quedan porque las muy bestias palabras se resisten a irse aunque hayan perdido su poder…
*Por la permanencia del baúl


